Las mentiras pueden sostenerse un tiempo… pero tarde o temprano se caen. Después de negar durante días, el propio director de Pemex terminó reconociendo la realidad: no hubo barcos “fantasma” ni grietas misteriosas en el fondo del mar. La contaminación tuvo origen en una plataforma de la propia empresa en el complejo Abkatún.
Un punto que, por cierto, ya había sido señalado previamente por organizaciones como Greenpeace, que advirtieron sobre una posible fuga en un ducto, advertencia que fue desestimada por las autoridades. Hoy se sabe que el problema provino de un oleoducto de 16 pulgadas que terminó por colapsar.
Ya hay denuncias ante la Fiscalía General de la República, pero la pregunta es hasta dónde llegará la responsabilidad. Porque más allá de los ceses anunciados de un subdirector, un coordinador y un responsable de derrames, no hay claridad sobre posibles sanciones en niveles más altos. Durante días se minimizó, se habló de “pequeñas filtraciones”, de “gotitas"… mientras la mancha crecía. Hasta ahora, tampoco hay información precisa sobre el impacto real en el ecosistema y en las comunidades que dependen del Golfo.