El caso de Oxana Malaya sigue siendo, décadas después de su descubrimiento, el referente más impactante sobre los llamados “niños salvajes” y la plasticidad del cerebro humano. A la edad de ocho años, Oxana fue hallada en una granja de Ucrania viviendo en una caseta junto a una jauría de perros, con quienes compartió su vida desde los tres años tras ser abandonada por sus padres alcohólicos. Al momento de su rescate, la pequeña no hablaba, caminaba en cuatro patas y ladraba para comunicarse, demostrando cómo el instinto de supervivencia puede llevar a un ser humano a adoptar por completo el comportamiento de otra especie ante la ausencia de contacto social.
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