Existen desapariciones que se resuelven con lógica, pero el caso de la familia Tromp desafía cualquier explicación racional. En agosto de 2016, Mark y Jacba Tromp, junto con sus tres hijos adultos (Riana, Mitchell y Ella), abandonaron repentinamente su próspera granja de bayas en Silvan, Australia.
Lo que comenzó como un supuesto viaje de vacaciones se convirtió en una huida frenética marcada por la paranoia, donde la familia dejó atrás teléfonos celulares, tarjetas de crédito y pasaportes, convencidos de que alguien los perseguía para matarlos.
El caso, que terminó con los miembros de la familia apareciendo en diferentes puntos del país en estados catatónicos, sigue siendo estudiado como uno de los ejemplos más impactantes de psicosis compartida.
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