En el verano de 2009, la tranquila ciudad portuaria de Sligo, en Irlanda, se convirtió en el escenario de uno de los enigmas más perturbadores de la era moderna. Un hombre que se identificó como Peter Bergmann llegó a la localidad con un plan meticuloso: morir sin dejar ni una sola pista sobre quién era realmente. Tras su fallecimiento, las autoridades descubrieron que el nombre era falso, las etiquetas de su ropa habían sido cortadas y su rastro era inexistente en cualquier base de datos global. A más de una década del suceso, el mundo sigue preguntándose: ¿quién era realmente el hombre que nunca existió?
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