Las autoridades ocultaron la información por 71 días sobre el derrame que afectó el Golfo de México. Durante más de dos meses se negó una fuga masiva de petróleo; mientras la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, aseguraba que las playas estaban limpias, pescadores y ambientalistas registraban redes destrozadas y fauna muerta. Después de señalar a un “buque fantasma”, Pemex reconoció que la causa fue la ruptura de un ducto detectada desde febrero, lo que resultó en un desastre ambiental y una cadena de omisiones.