La justificación fue no arriesgar la investidura presidencial, pero sus críticos interpretaron la decisión como una forma de esquivar el enojo social. Y no fue un caso aislado; en distintas ocasiones prefirió mantenerse distante de espacios donde podía enfrentar cuestionamientos directos.
Hoy surge una comparación inevitable. El próximo jueves, un estadio repleto será el escenario de un evento de gran relevancia, con todas las condiciones de seguridad garantizadas. Aun así, la presidenta decidió no asistir. Una ausencia que vuelve a alimentar el debate sobre cuánto están dispuestos los gobernantes a exponerse cuando la reacción del público es incierta.
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