El cambio de dirigencia en Morena se llevó a cabo en un entorno de tensiones internas y reclamos por mayor equidad, proceso en el cual Ariadna Montiel asumió el liderazgo del partido. A pesar de su ausencia física en el Congreso, la situación de Rubén Rocha Moya pesó en el ambiente; sin embargo, la organización evitó abordar de frente la polémica. El evento se caracterizó por un respaldo institucional y la ausencia de cuestionamientos críticos, reflejando una estrategia de hermetismo frente a los señalamientos que rodean al gobernador sinaloense.