Si no puedes dejar de pensar en ese amor inconcluso o en ese 'casi algo', el Efecto Zeigarnik puede explicar la razón psicológica detrás de esta sensación.
En la década de 1920, la psicóloga soviética Bluma Zeigarnik notó algo curioso en un restaurante de Viena, los camareros recordaban con precisión quirúrgica los pedidos pendientes de servir, pero olvidaban los detalles de las cuentas ya pagadas.
Este hallazgo dio pie a lo que hoy conocemos como el Efecto Zeigarnik, la tendencia del cerebro a recordar tareas inacabadas mucho mejor que las completadas.
Sin embargo, este fenómeno no solo explica pendientes laborales; en el terreno afectivo, es el responsable de que ese "casi algo" o esa ruptura ambigua nos persiga con el tiempo.
¿Cómo se relaciona el Efecto Zeigarnik con el amor inconcluso?
Cuando una relación termina de forma abrupta, el cerebro lo interpreta como una "tarea cognitiva pendiente". Según un estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology, la mente mantiene una tensión activa sobre las metas no alcanzadas, lo que en el amor se traduce en pensamientos intrusivos y una rumiación constante.
Al respecto, la Dra. Kelly Campbell, profesora de psicología en la Universidad Estatal de California, señala que el ser humano tiene una necesidad biológica de "cierre cognitivo". Cuando una pareja desaparece sin dar explicaciones, se genera una disonancia que obliga a la mente a reevaluar el pasado una y otra vez en busca de respuestas.
La trampa del "Ghosting" y la idealización
En la era digital, el Efecto Zeigarnik se ha vuelto una epidemia emocional. La Asociación Americana de Psicología (APA) define este tipo de incertidumbre como un factor de estrés que impide el procesamiento del duelo. Al no existir un desenlace real, la mente llena los huecos vacíos con fantasía: "¿Qué habría pasado si...?".
Esta falta de cierre activa lo que los expertos llaman "atracción por la frustración", un término acuñado por la antropóloga Helen Fisher, quien explica que la incertidumbre puede incluso intensificar los niveles de dopamina, haciendo que nos sintamos más "enamorados" de quien nos rechaza de forma ambigua que de una pareja estable.
¿Cómo romper el ciclo?
La buena noticia es que el cerebro puede ser entrenado para cerrar estos bucles. Los psicólogos sugieren estrategias basadas en la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC):
- Cierre simbólico: Escribir una carta de despedida (sin enviarla) para que el cerebro registre el evento como "finalizado".
- Aceptar la ambigüedad: Entender que la falta de respuesta es, en realidad, una respuesta clara sobre la disponibilidad emocional del otro.
- Redirección de la atención: Iniciar nuevos proyectos que generen una "tensión positiva" diferente, desplazando la energía cognitiva del pasado al presente.
El amor no siempre ofrece un punto final claro, pero entender el Efecto Zeigarnik nos permite comprender que el dolor de no poder olvidar no es una señal del destino, sino simplemente un cerebro intentando desesperadamente terminar de leer un capítulo que alguien más dejó a la mitad.
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