En la tradición del día de muertos, una figura canina destaca por su profundo simbolismo: el xoloitzcuintle. Este perro sin pelo, originario de México y venerado por civilizaciones como la azteca, juega un papel fundamental en la cosmovisión prehispánica. Lejos de ser una simple mascota, el xoloitzcuintle es considerado un protector y el guía indispensable para que las almas de los difuntos puedan completar su peligroso viaje al Mictlán, el inframundo.
¿Cuál es el origen de la leyenda del xoloitzcuintle?
La importancia de este can tiene raíces profundas. En las leyendas, se dice que el dios Xolotl, patrón de los brujos y hermano de Quetzalcóatl, se transformó en un perro (dando origen al xoloitzcuintle) para escapar de aquellos que intentaban acabar con él. Por esta conexión divina, el xoloitzcuintle fue considerado un animal sagrado, un protector contra malas energías y un ser con una lealtad inquebrantable.
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¿Qué significa el xoloitzcuintle en el día de muertos?
Dentro de la celebración, el "xolo" es el compañero espiritual. La creencia dicta que, tras la muerte, las almas deben emprender una ardua travesía por el Mictlán. Se creía que el xoloitzcuintle acompañaba y ayudaba a los difuntos a superar los obstáculos de este viaje, asegurando que llegaran a su destino final. Era, en esencia, el guía que garantizaba la paz del alma en el más allá.
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¿Por qué se coloca un xoloitzcuintle en la ofrenda?
Colocar una figura de un xoloitzcuintle en el altar de muertos es una forma de honrar esta antigua tradición. Simboliza la esperanza y la protección. Se pone en la ofrenda para asegurar que los seres queridos que vienen de visita el 1 y 2 de noviembre tengan un viaje seguro desde el Mictlán. Además, representa una compañía leal para el alma en su eterno descanso y es un homenaje a la cultura prehispánica de México.