Concluyó una trayectoria delictiva de más de 50 años para Ismael “El Mayo” Zambada, aunque su caída llegó por una sentencia emitida por la justicia de Estados Unidos.
Durante décadas operó en México, donde construyó una red de presuntas complicidades y corrupción que le permitió mantenerse sin enfrentar una condena en el país.
Quienes criticaron su traslado a territorio estadounidense probablemente tampoco estarán conformes con el desenlace del caso.
El histórico líder del Cártel de Sinaloa fue condenado a cadena perpetua y al pago de 15 mil millones de dólares. La resolución representa uno de los golpes más importantes contra el narcotráfico internacional y, al mismo tiempo, exhibe las presuntas alianzas que durante años mantuvo con funcionarios y policías corruptos.
Durante la audiencia, Zambada leyó un documento en el que reconoció que sus decisiones fueron equivocadas, aseguró estar arrepentido, pidió que la violencia termine y exhortó a los jóvenes a no seguir el camino del narcotráfico.
También dijo que no buscaba compasión y que lo sentía.Otro aspecto que llamó la atención fue la reacción del Gobierno de México, que no hizo un pronunciamiento, a diferencia de lo ocurrido en el caso de Genaro García Luna. Fueron las autoridades estadounidenses quienes hicieron los anuncios y celebraron públicamente la sentencia.
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