Han pasado 21 años y 6 meses desde que el reloj se detuvo para la familia Sánchez Viesca. Fue a sus 16 años cuando Silvia Estefanía, a quien llaman con profundo amor “Fanny”, fue vista por última vez. De acuerdo con la línea de investigación que su propia familia ha logrado documentar, la joven desapareció cuando cruzaba frente a una cantina ubicada sobre la avenida Matamoros y la calle Carmen Salinas, en Torreón.
Para su padre, don Óscar Sánchez Viesca, el dolor y la urgencia son los mismos del primer día: “Cada semana que salimos a hacer las búsquedas o recuperación de restos, es como si fuera la primera vez”, asegura, impulsado por su mayor miedo: morir sin haberla encontrado.
Don Óscar señala que el día de la desaparición se celebraba la preinauguración de ese establecimiento, el cual estaba rodeado de camionetas con placas de Tamaulipas y Nuevo León. En reiteradas ocasiones, los padres de Fanny han señalado a la familia que operaba el bar como los presuntos responsables, sospechando que su hija pudo ser víctima de una red de trata de personas.
El calvario de más de dos décadas se ha agravado por un sistema lleno de omisiones. “El principal sospechoso mintió cuando se le puso el polígrafo en el grupo antisecuestro”, denuncia el padre, evidenciando graves irregularidades, el secuestro del expediente y un doloroso recorrido persiguiendo pistas falsas por ciudades como Reynosa, Zacatecas, Morelia, Nuevo Laredo, Monterrey y la Ciudad de México.
Por su parte, la Fiscalía General del Estado de Coahuila informó que las líneas de investigación y la búsqueda de la víctima se mantienen abiertas.
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