Las críticas apuntan a una estrategia basada en desacreditar información incómoda. También acusan que desde la tribuna presidencial se ha señalado y exhibido a periodistas, como ocurrió con la corresponsal de The New York Times, cuyo número telefónico fue difundido públicamente.
Los ataques contra la prensa se volvieron una constante. Incluso se denunció la difusión de datos personales de reporteros que cubrían la fuente presidencial y un ambiente de presión hacia medios críticos.
Ese estilo de comunicación, comparado por sus detractores con el programa de Hugo Chávez, aseguran que también fue replicado en gobiernos estatales y municipales de Morena. Como ejemplo mencionan “La Hora del Jaguar”, de Layda Sansores, donde frecuentemente lanza críticas contra periodistas y presumió el encarcelamiento del periodista Jorge González.
Las críticas también alcanzan a algunos gobernadores. Entre ellos, Rubén Rocha Moya, de quien señalan reuniones con el senador Enrique Inzunza, mientras ambos enfrentan señalamientos que han trascendido hasta autoridades de Estados Unidos... pero eso no parece preocuparle, pues está en bailes.
Según esa postura, ahora el objetivo es evitar que se hable de esos casos. También cuestionan el uso de recursos públicos con fines político-electorales y el papel de las redes sociales, donde acusan que cuentas afines al oficialismo impulsan campañas de desprestigio contra opositores y voces críticas.
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