Preservar los sabores que le dan identidad a nuestra región es una labor de amor y mucha paciencia.
Ese es el caso de Juan Manuel, un incansable comerciante lagunero que desde los 13 años de edad aprendió de su padre el noble oficio de elaborar y vender dulces típicos.
Hoy, más de cuatro décadas después, continúa manteniendo viva una tradición gastronómica que ha pasado de generación en generación en La Laguna.
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