Un tribunal de Nueva Gales del Sur, Australia, dictó sentencia contra un sujeto de 31 años de edad luego de ser hallado culpable de crueldad animal, tras irrumpir durante la noche en un inmueble ecuestre para agredir a una potranca de dos años.
Ante los oficiales que atendieron el caso, el individuo intentó justificar sus actos alegando que el equino le había dado su aprobación mediante un guiño de ojo.
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El responsable fue identificado como Daniel Raymond Webb-Jackson, a quien las autoridades detuvieron tras la activación de una alarma silenciosa conectada a cámaras de vigilancia.
El caso generó indignación en la comunidad local tanto por las insólitas declaraciones del agresor como por las secuelas que la agresión dejó en el comportamiento del ejemplar.
La alerta de seguridad que permitió la captura del agresor
La detención ocurrió en la ciudad de Grafton, luego de que el entrenador del establo y su personal detectaran actividad sospechosa a través del sistema de circuito cerrado.
Semanas antes ya se habían reportado anomalías en las instalaciones, motivo por el cual los encargados decidieron reforzar la seguridad y monitorear los corrales en tiempo real.
Al recibir la alerta, los agentes acudieron al lugar y sorprendieron a Webb-Jackson agachado frente a uno de los establos abiertos. El informe policial detalló que el hombre había ingresado sin autorización a la propiedad privada con el propósito específico de cometer las agresiones contra el animal.
¿Cuál fue la resolución judicial y la sentencia impuesta?
Durante las audiencias correspondientes, la jueza Karen Stafford desestimó cualquier justificación presentada por la defensa y determinó que las acciones cometidas constituían actos directos de crueldad contra los animales.
Por estos hechos, se le fijó una pena de 10 meses de prisión con un periodo obligatorio de cuatro meses sin derecho a libertad condicional, además de una sanción económica de 700 dólares australianos.
Por su parte, los cuidadores del recinto señalaron que el ataque provocó afectaciones inmediatas en el temperamento de la yegua, la cual pasó de ser un ejemplar dócil a mostrar signos severos de estrés y nerviosismo.
Para favorecer su recuperación emocional y física, el equipo del establo tuvo que apartarla de sus rutinas habituales y trasladarla temporalmente a un potrero abierto.













